Cuando la madre de Vivianita la abrazó, ésta le contó que su amiguita Carmina quería que viviera con ella en su casita, que sus papás ya nunca regresaron y que estaba muy solita, Doña Elva no le contestó nada, pidiéndole a su esposo que se fueran a casa, que se había soltado un frío repentino y que ya no quería hablar más de lo sucedido esa noche.
Pasaron unos días sin que Doña Elva y sus hijos regresaran a su negocio familiar, hasta el Día de Muertos que la carga de trabajo para Don Ramiro era mucha, Vivianita llevó consigo una muñeca para jugar, misma que al regresar a su hogar no llevó, contándole a su mamá que su amiguita se la había pedido porque estaba muy solita, Doña Elva abrazó a su pequeña y no le dijo nada.
A la mañana siguiente le pidió a su esposo que la llevará a la tumba donde habían encontrado a Vivianita, al llegar al lugar se dio cuenta que la muñeca de la nena se encontraba ahí, los nervios se apoderaron de ella cuando sintió que una pequeña le rozo la mejilla, alejándose rápidamente del lugar. Continue reading
Cuando la madre de Vivianita la abrazó, ésta le contó que su amiguita Carmina quería que viviera con ella en su casita, que sus papás ya nunca regresaron y que estaba muy solita, Doña Elva no le contestó nada, pidiéndole a su esposo que se fueran a casa, que se había soltado un frío repentino y que ya no quería hablar más de lo sucedido esa noche.
Después de haberme ausentado un tiempo por cuestiones de salud, estoy nuevamente aquí para contarles historias y leyendas de Monterrey, y sus alrededores.
El dolor que sintió Carolina al enterarse que su amado Luis, estaba muerto, la invadió por completo, pero una esperanza se mantuvo en su corazón, estaba segura de lo que había visto, la confusión se apoderó de su ser.
Recibí la invitación de una familia que vive en la colonia María Luisa, querían compartir una historia que vivieron hace más de 20 años.
Cuando llegaron a su casa Sofía y Julio, de inmediato se dirigieron a la recámara de su madre para sentarse en el borde de su cama, se quedaron en silencio observando a su alrededor, como si quisieran encontrar respuestas a lo que la extraña mujer les contó.
Se quedaron unos minutos junto al vigilante de la funeraria, que en todo momento les pidió que guardaran la calma, les dijo que en ocasiones a causa del viento los cables se movían y se iba la luz.
La siguiente historia me fue compartida por una lectora de Vamos a Regiar, quien muy amablemente me invitó a su hogar para contarme lo que le sucedió 10 años atrás.
En una de las reuniones con familiares y amigos, me encontré con el señor Samuel, tío de un buen amigo, quien muy amablemente compartió la siguiente historia verídica que le ocurrió en el año de 1980.